LLULL ( Parte III): » La oportunidad de poder fichar por el Real Madrid no la podía desaprovechar»

Redacción: realmadrid.com.

Sergio, que llegó a Manresa midiendo 11 o 12 centímetros menos, según cuenta Jaume Ponsarnau, su entrenador allí, reconoce que la decisión de salir de casa no fue fácil: “Ir a Manresa fue un cambio muy importante, una decisión difícil, dejas atrás a tu familia, tus amigos, tu casa… Aunque llegué solo, creo que fue una decisión muy acertada, me enseñaron muchísimo y es donde me formé como jugador. Si no hubiese sido por Manresa yo no estaría en el Real Madrid”.

Lo que más llamó la atención a Ponsarnau era su elevada competitividad, su brillantez e inteligencia. Al igual que a Óscar Quintana, que fue quien decidió subirlo a la primera plantilla y usar a Rafa Martínez de escolta porque veía en Llull un base “inteligente y muy físico”, que le recordaba a Calderón.

Un 8,82 en selectividad
Sergio alternaba baloncesto y estudios sin mucha dificultad hastaque llegó la época universitaria y no pudo seguir haciéndolo. No obstante, alcanzó esa etapa de manera brillante. Según su padre, sacó un 8,82 en selectividad. “Creo que saqué un… ¿7? ¿Un 8,82? Ja, ja, ja. No sabía que había sido tanto. Pues eso, si lo dice mi padre, 8,82. Luego me matriculé en Empresariales, pero tuve que dejarlo porque no podía compatibilizar, era complicado”.

El equipo descendió y Llull se quedó en el LEB con uno de los que hoy siguen siendo sus grandes amigos, Rafa Martínez, su «hermano de Sampedor”. Estuvo pendiente de él prácticamente desde el principio. “Estaba solo y yo lo adopté. A él le gustaba estar con gente mayor. Se puede decir que mis amigos eran sus amigos, mi pueblo era su pueblo… Salíamos juntos».

«Discutíamos mucho porque los dos tenemos carácter y yo le intentaba aconsejar y él no se dejaba. Pero pasábamos casi de las manos a estar tan normales. Somos muy temperamentales”, dice el actual escolta del Valencia Basket.

Pagó la novatada
«Siempre ha sido mi hermano mayor. Cuando llegué a Manresa, me acogió junto a otros jugadores como Guille Rubio… Todos eran mayores que yo, pero me ayudaron muchísimo. Me llevaban a cenar por ahí y el proceso de adaptación fue muy rápido gracias a ellos”, explica Llull.

También hubo alguna que otra novatada: “Mi primer coche fue un Ibiza que me llevé a Manresa. El aparcamiento era fácil pero hubo un día que, como era novato e iba con el primer equipo, los dos capitanes, mientras me estaba duchando, se llevaron las llaves, movieron el coche y cuando salí la primera opción era pensar que me lo habían robado, no que me lo habían escondido. Al final, estaba aparcado detrás y lo pude encontrar”.

Sergio Llull dio el estirón en un verano en el que creció 11 o 12 centímetros. En Manresa atravesó una temporada que incluyó mononucleosis, esguince de tobillo y una lesión de abdomen. Pero también de eso aprendió.

En su último año allí era el tercer base del equipo cuando recibió la llamada del Real Madrid: “Me aconsejaron que no dijera nada porque no era seguro y estuve calladito. No se lo dije ni a mis propios compañeros, de los que me tuve que despedir por teléfono porque luego se hizo todo muy rápido”, recuerda.

A Madrid, con los pies en el suelo 
En su segunda casa en Manresa, el restaurante Cal Manel, donde comía a diario y donde todavía hoy hablan apasionados del menorquín, aseguran que días antes del fichaje ya sabían algo y estaban encantados porque “era tan del Madrid que era su sitio”.

«Cuando se negociaba mi fichaje seguí durmiendo bien. En casa siempre me han enseñado a trabajar con humildad, a ser el mismo chico de siempre y a relativizar las cosas. Yo tenía un sueño, que era jugar en el Real Madrid, se dio la oportunidad y ni lo pensé. Pero siempre me he mantenido con los pies en el suelo. Sabía que era mi gran oportunidad, que tenía que aprovechar, trabajar muy duro para poder llegar donde estoy”.

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