Eterno Chape

Obituario: Kelia Vidarte/LaTribunaMadridista

Tan solo han pasado dos días de la tragedia aérea en la que perdieron la vida 71 almas, entre las que se encontraban los jugadores de fútbol del equipo Chapecoense y nuestros corazones siguen llorando la pérdida.

Una vida tan injusta, que en unos momentos te arrebata la ilusión y la convierte en tragedia.Un equipo humilde que tocaba las mieles del éxito y que iba a jugar su primera final internacional y que vio su sueño truncado en un fatal desenlace.

Esta tragedia rememora mi infancia, cuando mi madre me miraba y me contaba las historias del mundo del deporte.Entre ellas me narró la peor catástrofe que vivió Perú, mi país, cuando el mar de Ventanilla en Lima, fue testigo del accidente aéreo que se llevó a toda la plantilla del Alianza Lima el 8 de diciembre de 1987. Maldito destino que algo similar vuelva a pasar en estos tiempos, 29 años después.

Todo inició como un cuento de hadas en el que un modesto equipo de Catarina (Brasil), asentado en la localidad de Chapecó, surgió de la cuarta categoría para convertirse en la sensación de su país y la sorpresa de toda Sudamérica.

Un equipo que fue construyendo su sueño poco a poco. Sus primeros pasos los inició en 2009, posteriormente en 2012 consiguió el ascenso a la tercera división. En 2013 ya estaba en segunda y en 2014 se posicionó entre los mejores de su país, ganándose un puesto en el prestigioso Brasileirao y que culminaría en su premio como finalista en la Copa Sudamericana en el año reciente, 2016.

‘La Chape’,como se conocía al modesto club de Brasil que nació en los años 70 se transformó en solo seis años en todo un ejemplo para la industria del fútbol. Un club sin elocuentes, ni grandes inversiones en sus fichajes. Se adaptó al mercado de acuerdo a sus posibilidades, transformando los gustos de la afición por los colores verdi blanco, gracias a su esfuerzo y rendimiento. Un equipo luchador, admirado por una afición que veía como dejaba de lado a grandes equipos como el Internacional o Gremio de Porto Alegre.

Un equipo que sin grandes nombres en su plantilla, tuvieron la suerte de recibir a grandes jugadores como Cleber Santana, Danilo,Kempes y Martinuccio quienes encontraron en ‘La Chape’ su casa para brillar. Todos ellos liderados por un técnico con una gran trayectoria en Brasil Caio Júnior, quien supo darle identidad y estilo a un juego de equipo basado en el equilibrio, fuerza, garra y gol. Un motivador convincente que supo darle confianza al equipo.

Un equipo que logró la hazaña de clasificarse a la Copa Sudamericana, llegando como una cenicienta y terminando como la sensación del torneo, dejando en el camino a grandes como el Independiente de Argentina, San Lorenzo y Junior de Barranquilla.

El que hubiera sido su rival en la final, el Atlético Nacional de Medellín, es ahora su cómplice, el que le cede la victoria, el que le otorga el título y el que llora su pérdida junto con Brasil y con el resto del mundo del fútbol.

Ya que nadie imaginaba que el lunes por la noche aquel cuento de hadas de ‘La Chape’ se terminaría de la forma más trágica, en las montañas de Colombia, convirtiendo a sus jugadores en leyendas.

DEP CHAPECOENSE (1973-2016)

 

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