EL FÚTBOL ES ESPAÑOL,LAS BRONCAS EN ITALIANO

Redacción:Noelia Pinto Cervero-Latribunamadridista

Carlo mira el reloj. Son casi la una y media. Es la primera y última vez que lo hará. Lleva ya casi una hora sentado junto a un nutrido grupo de periodistas que le bombardean por cualquier frente, pero no le asusta el escenario. Es más, se le ve relajado, con ganas de hablar de todo lo que rodea a su club. O al menos eso aparenta.

Su conversación sirve para desmitificar algunos tópicos del fútbol. Carlo no tiene ninguna pócima mágica que esconder, por eso explica sin tapujos su método de trabajo, ni tampoco va a poner a la Stasi para controlar a sus jugadores. «No puedo saber lo que hacen en su vida privada. No hay obligaciones, son recomendaciones. No puedo saber si han salido la noche anterior. Bueno, si me habla a la cara sí», bromea el italiano.

Todo se basa en una relación de confianza y de respeto, no solo válida para dentro del vestuario, sino también para con la prensa. Carlo cree en el método, en la teoría, en los avances tecnológicos aplicados a los entrenamientos de los que se beneficia a diario, pero se sigue aferrando muchas veces al instinto y a la relación directa con los jugadores como mejor termómetro: «La frecuencia cardiaca de los test nos dice si un jugador está cansado, pero hablamos con él y nos importan sobre todo sus sensaciones. Si no son buenas, entonces hacemos más pruebas».

Su cabeza habla español, pero su corazón todavía italiano. Ancelotti sigue creyendo en las arengas apelando al orgullo y al escudo: «Solo he echado tres broncas al equipo, pero todas en italiano. Cuando tienes que hablar desde dentro, desde el corazón, no es fácil hacerlo si no es en tu idioma. Yo al final les digo ‘¿me han entendido?’ Y nadie responde…».

El italiano lo dice sonriendo, es un maestro en relativizarlo todo y se le nota también con los medios que echa en falta más fluidez en el idioma. Cada vez que puede tira de los dos periodistas italianos que están a su lado para arrancarles alguna expresión más apropiada y desde el principio quiere ganarse al público: «Os hemos reunido para que veáis que no solo hacemos los rondos del principio». Es un buen comienzo.

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